¿La radiación es un problema real?

Es muy común recibir quejas de pacientes y familiares inconformes, que exigen pruebas más precisas y acordes a la tecnología actual, aun cuando el personal a su cargo asegura que el camino ideal es el de los médicos de antaño: el escrutinio clínico. Muy pocos aceptan la explicación de que la tecnología de punta tiene sus riesgos, entre los que se destacan los que tienen que ver con la radiación.
     Pero el escepticismo también se ve en el otro extremo. Según una encuesta realizada en Estados Unidos y publicada el año 2017, cerca del 75% de los médicos que laboran en áreas de emergencia e imagenología subestiman el poder nocivo de las radiaciones generadas por las pruebas de imagen, como la Tomografía o la Radiografía.

¿Es la radiación un cuento, como "el Coco" o "el Chupacabras"?

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No siempre es sencillo identificar los factores de riesgo que nos hacen propensos a padecer enfermedades como el cáncer o la diabetes. Solo tenemos la convicción de que son muchísimos y nos rodean por todas partes. Sin embargo, hay un razonamiento que parece poder ayudarnos a conseguirlo:
     El Homo Sapiens tiene miles de años en la tierra, comiendo muchas cosas y exponiéndose a un sin fin de situaciones a las que se ha adaptado con el tiempo: por ejemplo, a lo largo de su historia se ha visto obligado a hacer trabajo físico para sobrevivir, como recolectar frutas, escapar de depredadores, ir detrás de sus presas o labrar la tierra. El esfuerzo físico ha pasado a convertirse en parte inherente de él hasta el punto de hacerse necesario. Es por ello que el estilo de vida sedentario (tan común hoy en día) nos hace propensos a enfermedades como la diabetes o la obesidad. De igual modo, el ser humano tiene muchísimo tiempo comiendo frutas y verduras, pero solo unas cuantas décadas ingiriendo hamburguesas, por lo que  es lógico que estas últimas se asocien a más patologías.
     El análisis anterior lo podemos aplicar a la radiación:

     La radiación penetra y se acumula en nuestro organismo en forma de energía, pudiendo ocasionar lesión directa, como quemaduras en la piel, o agresiones posteriores, como la adaptación de distintas células a su presencia. Como es bien sabido, algunos cuerpos celestes (como el sol) emiten energía en forma de radiación, a la que estamos expuestos los seres humanos (sin mencionar las bombillas y otros objetos que tenemos en nuestros hogares). Una persona promedio recibe cerca de 2.2 milisievert (mSv) cada año, a lo que nos hemos adaptado y con lo cual vivimos sin mayores complicaciones. No obstante, todo cambia cuando este valor incrementa. Por ejemplo, cada radiografía aporta cerca de 0.1 mSv, lo que representa toda la radiación que debimos haber recibido a lo largo de un mes. Por otro lado, una tomografía simple equivale a aproximadamente 75 radiografías, lo que es lo mismo que cerca de 7.5 mSv, La radiación de tres años y medio en un solo día (sin mencionar que algunas más especializadas, como la tomografía de abdomen y pelvis, pueden generar el doble de radiación).
     Una revisión sistemática publicada durante el año 2017 explica que el acúmulo superior al 50 mSv por año triplica la posibilidad de que el paciente desarrolle leucemia y otros cánceres, lo que se hace mucho más significativos en niños (que tienen una menor superficie corporal y están en desarrollo), en los que se ha evidenciado una mayor propensión al cáncer luego de 25 o 30 mSv por año (lo que equivaldría a 4 tomografías).
     La intención de este artículo no es satanizar la Tomografía y otros estudios de imagen, ya que estas se cuentan entre las herramientas médicas que más vidas han salvado desde su concepción hasta la fecha. Sin embargo, conviene que sean vistas como espadas medievales en tiempos de guerra, capaces de salvar la vida de los nuestros, pero con el filo suficiente para rebanarnos si no las usamos con respeto.

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Referencias bibliográficas

  • Servente Luquetti, L., Martinucci Silva, F., Chozza Lecuna, N., Hartmann Larronda, H., Irazoqui Cortazzo, M., Maguna Baubeta, C., ... & Dibarboure Bassagoda, L. (2018). Dosis acumulada en tomografía computada 2014-2017: análisis descriptivo de una población del Hospital de Clínicas. Revista Médica del Uruguay, 34(3), 19-44.
  • Cascon, A. S. (2015). Radiaciones ionizantes en las prácticas médicas “Primum non nocere”. Inmanencia. Revista del Hospital Interzonal General de Agudos (HIGA) Eva Perón, 4(2).
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